Frontón

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Vista actual del frontón en la plaza

Siendo parte importante del devenir del pueblo, se ha incluido en la categoría de monumento, puesto que se trata de un emblema identificativo de Cimballa, dotado de un gran simbolismo para el pueblo y en donde se han disputado grandes partidos de pelota, amén de llenar los ratos de ocio de los habitantes de Cimballa, disfrutando de un deporte tradicional en la zona y pueblos más alejados, que compartían esta afición y gozaban de una gran camaradería (Cubel, Abanto, Velilla, Maluenda, Monterde…)

No puede apuntarse con exactitud la fecha de su construcción, sería por los años treinta aproximadamente. Apuntan que antes había como una media pared ahí mismo y que se decidió elevarla porque se les iban muchas pelotas fuera.

Se trata de un muro exento de piedra y mampostería, tiene 4,5 metros de altura por 4 metros de anchura con un grosor de 1 metro. En la actualidad, la pared frontal está pintada de verde, aunque el enlucido final siempre ha sido de tono gris. La parte posterior está recientemente remodelada, dejando al descubierto la mitad inferior y decorada con una pintura mural en la parte más alta.

A esta modalidad de juego marcada por una sola pared se le denomina “de plaza libre”.  En la mayoría de los pueblos el frontón consistía en una pared, bien de la iglesia o de alguna casa cercana, en Cimballa el frontón se construyó frente a la parte posterior de la iglesia. En un principio se trataba de una pared con una altura muy inferior (unos dos metros), pero al practicar el juego, se iban muchas pelotas fuera y se decidió elevarla a la altura que conocemos hoy.

La pelota a mano de aquí consiste básicamente en hacer dos equipos, cada uno de dos o tres pelotaris y golpear la pelota intercalando jugadores de uno u otro golpeando con la mano abierta, hasta llegar a los tantos acordados (suele ser hasta treinta y tres o a veintidós). Las normas básicas dictan que al comenzar cada tanto, el jugador efectúa el saque botando la pelota desde la segunda línea y ha de botar entre esta segunda raya y la tercera. El saque suele ser al centro del frontón y lo más fuerte posible al objeto de abrir el juego.  El tanto continúa mientras se va golpeando alternativamente, hasta el fallo de uno de los equipos por no golpearla, por echarla fuera del frontón o porque el bote supera las marcas laterales o porque pega más abajo de la línea inferior o chapa, pintada en él.

Hace unos años, ambos equipos vestían de blanco completamente, cada equipo se distinguía del otro por el lazo azul o rojo que llevaban atado a la cintura.
Más adelante la tendencia es vestir pantalón blanco y camiseta o polo rojo o azul.
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La pelota es un núcleo de tiras de cuero cubierto de lana o algodón y con una capa final de cuero cosida en dos ochos. La mano se protege con esparadrapo y cuero. Dicen que las pelotas de antes tenían el corazón de madera y se cubrían con tiras de piel de caballo.

Rodeando la plaza había poyos en donde se sentaba el público a disfrutar de los partidos. En la actualidad se han conservado en la zona del ayuntamiento, los que están pegados a las casas en la calle principal y el situado en la pared posterior de la iglesia.

Las dimensiones de la plaza son bastante ajustadas, por lo que en algunos saques la pelota se llegaba al final de ella (“el huevecillo” pared posterior de la iglesia) y resultaba casi imposible golpearla.

Son numerosos partidos y de un buen nivel, los que se han podido ver en este frontón, amén de los buenos ratos pasados por los lugareños, cualquier excusa o apuesta se dilucidaba con un buen partido de pelota a mano, sobre todo los domingos cuando se salía de misa.

Siempre ha habido en Cimballa muy buena cantera de pelotaris, ya desde primeros del siglo XX, destacaban grandes figuras en este deporte que solían ir a competir por los pueblos de alrededor e incluso fuera de la comarca (más información en apartado Gentes).

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Trinquete de Maluenda. Final entre jugadores de Velilla de Jiloca y Cimballa                                                                                                                                                                                                                                                                                           
Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja.